Páginas

Pequeños placeres

Qué tedioso es el día a día. Levantarse temprano, arreglarse, salir de casa haga frío o calor, ir al instituto o al trabajo... La cotidianidad es muy aburrida y monótona. 


Hay pequeñas cosas que nos hacen felices, sin mucha explicación: simplemente es así. 
  • Rascarnos la señal de los calcetines
  • Jugar con el botón de un bolígrafo
  • Explotar plástico de burbujas
  • Encontrar dinero en un pantalón
  • Etcétera, etcétera, etcétera...

Y hay acciones que, siendo igual de cotidianas, producen una felicidad más profunda, como leer un buen libro, escuchar un disco de música, saborear esa comida que tan bien le sale a tu madre o contemplar un atardecer en la playa. ¿Qué te hace feliz a ti?

Esto de disfrutar de lo que nos hace feliz no es algo nuevo ni reciente. Ya en la cultura grecolatina encontramos multitud de ejemplos del tópico llamado «carpe diem», que continúa hasta nuestros días. Horacio fue el autor de uno de los poemas más conocidos sobre este tópico.

Oda I, 11
Tú no preguntes, nefando es saberlo, qué final a mí, qué final a ti
te han dado los dioses, Leucónoe, babilonios 
cálculos examines. ¡Cuánto mejor es soportar cualquier cosa que sea!
Ya muchos inviernos nos haya atribuido Júpiter, ya este último
que ahora debilita con sus peñascos opuestos al mar Tirreno!
Sé sabia, filtra vinos y en un breve espacio de tiempo
siega de raíz toda larga esperanza. Mientras hablamos, habrá huido el envidioso
tiempo. Cosecha el día, confiada lo menos posible en el día de mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario